¿Cambio climático? Non solum, sed etiam

Políticas de prevención de incendios forestales propuestas por los grupos de investigación universitarios españoles

Tribuna Madrid
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Introducción

Cada verano, cuando las altas temperaturas, la sequía acumulada y los episodios meteorológicos extremos vuelven a converger sobre el territorio español, reaparece una sensación colectiva de impotencia difícil de ignorar: la constatación de que los incendios forestales siguen dejando tras de sí un rastro de destrucción ambiental, pérdidas patrimoniales irreparables y un riesgo creciente para las vidas humanas.

Lejos de tratarse de fenómenos excepcionales, los grandes incendios forestales se han convertido en una amenaza recurrente que cuestiona la eficacia de las políticas de prevención, la suficiencia de los medios de extinción y, sobre todo, la gestión de nuestros montes y bosques. La repetición de este escenario, año tras año, genera una comprensible frustración social e institucional, alimentada por la percepción de que muchas de las causas estructurales del problema son sobradamente conocidas, pero insuficientemente abordadas.

La evolución reciente resulta especialmente reveladora.

En 2022 España sufrió la peor campaña de incendios forestales del siglo XXI, con cerca de 310.000 hectáreas arrasadas por el fuego, una superficie aproximadamente cuatro veces superior a la media registrada entre 2006 y 2021.

Aquel año concentró alrededor del 39 % de toda la superficie quemada en la UE, convirtiendo al país en el más afectado del continente. Posteriormente, aunque las cifras anuales han mostrado cierta oscilación, la amenaza no ha desaparecido.

Los incendios de gran magnitud continúan produciéndose con capacidad para destruir decenas de miles de hectáreas en pocos días (ya llevamos más de 150.000 durante este año y queda agosto), obligar a evacuaciones masivas y comprometer infraestructuras, explotaciones agrarias, viviendas y actividades económicas vinculadas al medio rural.

La preocupación no se limita al número de hectáreas afectadas.

Cada incendio supone la pérdida de capital natural acumulado durante décadas, cuando no siglos; la destrucción de masas forestales, ecosistemas, explotaciones agroganaderas, infraestructuras públicas y patrimonios familiares construidos mediante el esfuerzo de generaciones enteras.

A ello se añade el coste humano, expresado tanto en víctimas directas como en evacuaciones, daños a la salud y deterioro de la calidad de vida de las poblaciones afectadas.

En un contexto de cambio climático, caracterizado por olas de calor más frecuentes e intensas, el potencial destructivo de los incendios adquiere una dimensión cada vez más preocupante.

Sin embargo, limitar el debate a las condiciones meteorológicas supondría ofrecer una explicación incompleta.

Numerosos especialistas universitarios vienen advirtiendo desde hace años que el verdadero desafío reside en la acumulación de combustible forestal derivada del abandono rural, la expansión desordenada de la cubierta vegetal, la insuficiente gestión silvícola y la escasa valorización económica del monte.

En otras palabras, el problema no es únicamente que existan igniciones, sino que una parte significativa de nuestros espacios forestales se encuentra en condiciones que favorecen la propagación de incendios cada vez más intensos y difíciles de controlar (los de quinta y sexta generación, inapagables).

A esta realidad se suma un debate creciente sobre la suficiencia y disponibilidad de los medios de lucha contra incendios.

Aunque España dispone de una larga experiencia operativa y de profesionales altamente cualificados, la descoordinación administrativa, las limitaciones presupuestarias, la complejidad creciente de los incendios extremos y determinadas reducciones de capacidad operativa, especialmente en algunos medios aéreos estratégicos, han alimentado dudas acerca de la adecuación de los recursos disponibles frente al riesgo actual.

En consecuencia, la experiencia acumulada desde 2020 invita a extraer una conclusión incómoda, pero necesaria: la extinción, aun siendo indispensable, no puede seguir constituyendo el eje central de la política pública frente a los incendios forestales.

Cada campaña vuelve a demostrar que ningún dispositivo de emergencia, por sofisticado que sea, puede compensar indefinidamente las carencias en materia de prevención, ordenación del territorio y gestión activa del patrimonio forestal.

La verdadera batalla contra los incendios no se libra únicamente cuando aparece el humo en el horizonte, sino durante todo el año, mediante actuaciones capaces de reducir la vulnerabilidad estructural de nuestros montes.

Desde esta perspectiva, el presente trabajo[1] parte de una premisa fundamental: la prevención debe ocupar una posición prioritaria en la estrategia de defensa frente a los incendios forestales. Solo mediante una gestión forestal sostenible, una adecuada planificación territorial, la implicación de las comunidades rurales y una política pública orientada a anticipar el riesgo será posible reducir la frecuencia, intensidad y consecuencias de unos incendios que, año tras año, verano tras verano, siguen recordando el elevado precio de la inacción. Seamos preventivos y no paliativos de una vez.

Los grupos de investigación universitarios sobre la materia aportan un patrimonio intelectual capital para ayudar a la solución global.

Escuchémoslos y hagámosles caso.

 

1.- Políticas de prevención de incendios forestales propuestas por los grupos de investigación universitarios españoles (Geografía e Ingeniería de Montes)

La investigación universitaria española sobre incendios forestales presenta una notable convergencia entre los departamentos de Geografía, los grupos de Ingeniería Forestal y de Montes y centros asociados (CREAF, CTFC, INIA-CSIC, Universidad de Lleida, Universidad Politécnica de Madrid, Universidad de León, Universidad de Zaragoza, Universidad de Alicante, Universidad Complutense, Universidad de Extremadura, entre otros).

A diferencia del discurso político o mediático, la doctrina científica española coincide en una idea fundamental: los grandes incendios forestales actuales no pueden explicarse únicamente por el cambio climático[2], sino por la interacción entre factores climáticos, transformación territorial, acumulación de combustible forestal y abandono de actividades agroforestales tradicionales[3].

 

2.- Principales causas de los incendios forestales según la doctrina científica

A. Acumulación de combustible vegetal

Es probablemente el factor más repetido por los investigadores forestales.

La despoblación rural, el abandono de aprovechamientos tradicionales, la reducción del pastoreo extensivo y la disminución de la explotación forestal han generado masas continuas de vegetación altamente combustibles.

Doctrina relevante

Brotons (CREAF-CTFC), Madrigal (ICIFOR-INIA-CSIC) y otros expertos participantes en el Informe Científico para la Oficina C del Congreso de los Diputados[4] sostienen que la acumulación de biomasa constituye uno de los principales factores que explican la aparición de grandes incendios forestales.

Asimismo, Resco de Dios (Universidad de Lleida) ha defendido reiteradamente la necesidad de recuperar actividades agroforestales que reduzcan la continuidad del combustible[5].

B. Abandono del medio rural

Los geógrafos y forestales coinciden en señalar la despoblación rural como una causa estructural.

La denominada "España vaciada" ha supuesto la desaparición del pastoreo; el abandono de cultivos marginales; un menor aprovechamiento forestal, y la pérdida del paisaje mosaico tradicional. Ello produce paisajes continuos de matorral y bosque con elevada capacidad de propagación del fuego[6].

C. Cambio climático

Los investigadores reconocen su relevancia, pero lo consideran un factor potenciador y no necesariamente la causa principal (especialmente interesante el trabajo de Mora Aliseda, Horcajo Romo, Castro Serrano y Garrido Velarde, de la Universidad de Extremadura, 2024[7]).

Tras analizar incendios en España desde 1961 concluyen que no se observa una correlación directa entre aumento de temperaturas medias y número de incendios o superficie quemada, aunque sí se incrementan las condiciones favorables para incendios extremos.

Esta conclusión cuestiona ciertas explicaciones simplistas basadas exclusivamente en el cambio climático y obliga a considerar variables territoriales y socioeconómicas.

D. Interfaz urbano-forestal

Los geógrafos especializados en análisis territorial consideran que uno de los riesgos emergentes es la expansión de urbanizaciones hacia espacios forestales.

La presencia de viviendas dispersas complica enormemente la prevención; la evacuación, y, consecuentemente la extinción[8].

La investigación desarrollada desde la Universidad de Alicante mediante SIG y tecnología LiDAR[9] destaca la necesidad de cartografiar y gestionar específicamente estas áreas[10].

En este sentido es muy interesante el proyecto de la Generalitat Valenciana ha puesto en marcha un Servicio de Detección y Caracterización de Áreas Cortafuegos mediante Inteligencia Artificial, destinado a mejorar la prevención y gestión de los incendios forestales.

La herramienta utiliza imágenes de alta resolución, técnicas de teledetección y algoritmos de Deep Learning para identificar y clasificar automáticamente las infraestructuras de prevención existentes en el territorio. Su finalidad es sustituir y actualizar los procedimientos tradicionales de cartografía, permitiendo obtener información más precisa y en menos tiempo.

El sistema generará tres tipos principales de cartografía:

  • Áreas cortafuegos lineales existentes.
  • Áreas cortafuegos destinadas a proteger urbanizaciones y viviendas.
  • Otros elementos que actúan como barreras al fuego, como carreteras, caminos y líneas eléctricas.

Entre sus principales utilidades destacan:

  • Conocer con precisión la ubicación y el estado de conservación de las áreas cortafuegos.
  • Evaluar el grado de ejecución de los planes de prevención de incendios.
  • Facilitar las labores de inspección y control sobre el terreno.
  • Analizar la interfaz urbano-forestal y las zonas con mayor exposición al riesgo.
  • Proporcionar información operativa para apoyar la toma de decisiones durante la extinción de incendios.

La principal ventaja de la herramienta es la automatización de la detección y actualización cartográfica, reduciendo significativamente los tiempos de trabajo y permitiendo disponer de información territorial actualizada para la planificación preventiva y la gestión de emergencias. En caso de incendio, facilita la identificación de las zonas donde existen mayores posibilidades de contener o frenar el avance del fuego[11].

E. Causas humanas

La literatura científica española[12] continúa identificando el origen humano como dominante en la ignición. Las investigaciones distinguen entre negligencias, usos agroganaderos del fuego, accidentes e incendios intencionados.

La incidencia humana aparece reiteradamente incorporada en los modelos de riesgo desarrollados por los geógrafos de la Universidad de Alcalá y otros grupos especializados en análisis espacial[13].

 

3. Medidas de prevención defendidas por la comunidad científica

3.1. Gestión activa del combustible forestal

Existe un consenso prácticamente unánime, con las siguientes medidas propuestas: clareos, desbroces selectivos, selvicultura preventiva, aprovechamiento de biomasa y recuperación de usos forestales.

Estas actuaciones buscan reducir la carga combustible y dificultar la propagación de incendios de alta intensidad[14].

3.2. Recuperación del paisaje mosaico

Es una de las propuestas más características de los grupos forestales españoles.

Eso significa intercalar bosques; cultivos, pastizales, áreas agrícolas y zonas de aprovechamiento ganadero. Con ello se crean discontinuidades naturales que dificultan el avance del fuego[15].

3.3. Potenciación del pastoreo extensivo

Numerosos trabajos forestales consideran el ganado como una herramienta preventiva (especialmente ovino y caprino). La ganadería reduce el combustible fino y contribuye a mantener abiertos los espacios forestales[16].

3.4. Quemas prescritas

Los grupos de Ingeniería Forestal consideran que la exclusión total del fuego es contraproducente. Defienden el empleo técnico de quemas prescritas y fuego controlado, para reducir combustible en condiciones seguras[17].

3.5. Sistemas de Información Geográfica (SIG), teledetección y LiDAR

La escuela geográfica española ha sido pionera en este ámbito. Especial relevancia tienen:

  • La Universidad de Alcalá con Chuvieco y Salas y otros, desarrollaron modelos de riesgo basados en: topografía, meteorología, combustible y riesgo humano[18].
  • La Universidad de Alicante en aplicación de LiDAR para identificar zonas de riesgo en interfaz urbano-forestal[19].
  • La Universidad Politécnica de Madrid, Grupo SILVANET[20]: cartografía de combustibles, análisis estructural de vegetación y detección de cambios forestales mediante LiDAR.

3.6. Prevención periurbana[21]

Las últimas publicaciones insisten en reforzar franjas de seguridad; cortafuegos próximos a viviendas; planes de autoprotección, y gestión de la interfaz urbano-forestal.

 

4. Todo lo precedente nos permiten identificar un conjunto de consensos doctrinales académicos que pasamos a exponer:

  1. La política española ha invertido históricamente más en extinción que en prevención. Muchos investigadores consideran que el modelo ha sido reactivo y no preventivo.
  2. La gestión forestal es tan importante como la meteorología. La ciencia española rechaza la explicación monocausal del cambio climático.
  3. La prevención debe concebirse como una política territorial. No basta con actuar sobre los montes; debe intervenirse sobre agricultura; ganadería; despoblación; ordenación del territorio, e interfaz urbano-forestal.

La doctrina científica española muestra un consenso muy sólido: la prevención eficaz pasa por la gestión activa del territorio, especialmente mediante la reducción de combustible forestal, la recuperación del paisaje agroforestal en mosaico, el uso del pastoreo extensivo, las quemas prescritas y la aplicación de tecnologías SIG-LiDAR para identificar zonas de riesgo. El cambio climático es considerado un factor agravante, pero la mayoría de los grupos de investigación coinciden en que el problema principal radica en la transformación socioeconómica del territorio y en décadas de acumulación de biomasa forestal.

La prevención eficaz de los incendios forestales exige, además, una auténtica coordinación administrativa entre las distintas administraciones públicas competentes[22]. La naturaleza transversal del problema implica la intervención concurrente de la Administración General del Estado, las comunidades autónomas y las entidades locales en ámbitos tan diversos como la protección civil, la planificación territorial, la gestión forestal, la conservación ambiental y la extinción de incendios. La experiencia reciente demuestra que la fragmentación competencial puede dificultar respuestas integrales, mientras que los mecanismos de cooperación, intercambio de información y planificación conjunta favorecen una gestión más eficiente del riesgo.

En consecuencia, la coordinación interadministrativa no constituye un elemento accesorio, sino una condición indispensable para articular políticas preventivas coherentes y garantizar una protección efectiva del patrimonio natural, económico y humano frente a los incendios forestales.

 

 

 

[1] Este trabajo es parte de otro sobre responsabilidad patrimonial en materia de incendios forestales, de próxima publicación.

 

[2] Moreno Rodríguez, J.M. (investigador principal) y otros (2016):  Los Incendios Forestales en España en un contexto de cambio climático: Información y Herramientas para la Adaptación (INFOADAPT). Memoria final del proyecto. Toledo, 30/12/2016. https://adaptecca.es/sites/default/files/editor_documentos/infoadapt_memoria_final_proyecto.pdf

 

[3] Vid. Oficina de Ciencia y Tecnología del Congreso de los Diputados (Oficina C). Informe C: Incendios forestales y restauración de zonas quemadas. (2023) www.doi. org/10.57952/w67p-j094.

https://blogs.upm.es/incendios/wp-content/uploads/sites/1107/2024/03/OFICINAC_Incendios-forestales_20231214_web.pdf

 

[4] OCTCD-C, op. cit. págs. 10 y s.

 

[5] Vid. Resco de Dios, V. (2020). Plant-fire interactions: Applying ecophysiology to wildfire management. Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-030-41192-3.

Para Resco de Dios no consiste únicamente en mejorar los medios de extinción, sino en abordar las causas estructurales que explican el aumento de los grandes incendios forestales. Desde una perspectiva científica, parte de la idea de que el comportamiento del fuego depende de la interacción entre la fisiología de las plantas, el clima, el combustible disponible y la estructura del paisaje.

Defiende la recuperación del desarrollo rural indirectamente y como parte de una estrategia de gestión del territorio. Sostiene que el principal problema de España no es la falta de aviones o helicópteros (no faltan aviones; sobra combustible acumulado en el territorio) los medios de extinción son necesarios, pero no resuelven el origen del problema, sino el abandono rural, que ha permitido una acumulación masiva de biomasa combustible. El despoblamiento, el abandono de cultivos y la reducción de los usos tradicionales del monte han favorecido paisajes continuos altamente inflamables (https://www.rescodedios.com/es/prensa/).

Por ello, cuando afirma que hay que invertir más en gestión del territorio, está defendiendo medidas como: la recuperar actividades agrícolas y ganaderas extensivas, el mantenimiento de mosaicos agroforestales, de la reducción de la continuidad del combustible vegetal, de favorecer aprovechamientos forestales económicamente viables y de incrementar la presencia humana y la actividad económica en el medio rural.

Opina que invertir únicamente en extinción puede generar una falsa sensación de seguridad: se apagan los incendios pequeños y medianos, pero se sigue acumulando combustible en los montes. Cuando coinciden sequía, altas temperaturas y viento, aparecen incendios tan intensos que superan la capacidad de cualquier dispositivo de extinción.

Desarrolla esta tesis desde la ecología y la ecofisiología vegetal, como correlato de:

  1. La humedad de las plantas y del combustible influye decisivamente en la probabilidad de ignición.
  2. Las características funcionales de las especies vegetales condicionan la intensidad y propagación del fuego.
  3. La composición de la vegetación puede gestionarse para reducir el riesgo.
  4. La planificación forestal debe orientarse a crear paisajes más resilientes al fuego.
  5. La gestión previa al incendio resulta más eficaz que confiar exclusivamente en la extinción posterior.

Su obra establece un puente entre la ecología del fuego y la gestión forestal, insistiendo en que la prevención debe basarse en el conocimiento de cómo responden las plantas a la sequía y al fuego.

Sostiene que los grandes incendios forestales contemporáneos no pueden afrontarse exclusivamente mediante el refuerzo de los medios de extinción, sino mediante una política integral de gestión territorial. El abandono del medio rural y la acumulación de combustible forestal constituyen, en su opinión, factores estructurales que favorecen la aparición de megaincendios. Desde esta perspectiva, la recuperación de actividades agrarias, ganaderas y forestales compatibles con la conservación del medio ambiente contribuiría a generar paisajes más resilientes frente al fuego, reduciendo la continuidad del combustible y la intensidad potencial de los incendios (Resco de Dios, 2020).

 

[6] Mora Aliseda, J., Horcajo Romo, A. I., Castro Serrano, J., y Garrido Velarde, J. (2024). Evolución de los incendios forestales en España y Extremadura. ¿Correlación con el Cambio Climático? Anales de Geografía de la Universidad Complutense44(1), 191-215. https://doi.org/10.5209/aguc.94209

 

[7] Mora Aliseda y otros, op. cit. pág. 195.

 

[8] Un caso reciente de dichas características es el Incendio foerestal de Los Gallardos (Almeria) declarado el 9 de julio de 2026, cuyo origen pudo ser provocado por la caída de un cable eléctrico (la investigación continúa abierta) y que causó 14 fallecidos y 7 heridos, obligó a desalojar a más de 1.400 personas y afectando finalmente a unas 5.200 ha. Las llamas se propagaron con rapidez debido a la combinación de una masa forestal muy seca y de unas condiciones meteorológicas caracterizadas por temperaturas cercanas a los 40 ºC, una baja humedad relativa y rachas de viento de hasta 50 km/h procedentes del suroeste. Se ordenó la evacuación de más de 1400 personas de varias barriadas y urbanizaciones del entorno debieron ser realojadas por las autoridades. La accidentada orografía, junto a la existencia de numerosos diseminados y viviendas aisladas comunicadas en muchos casos por una única vía de acceso, dificultó el acceso de los equipos de extinción y complicaron las evacuaciones.

 

[9] SIG (Sistema de Información Geográfica): es una herramienta informática que permite recopilar, analizar y representar datos geográficos en mapas. En la gestión de incendios forestales se utiliza para identificar zonas de riesgo, planificar actuaciones y coordinar la extinción. La Tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging): utiliza pulsos láser emitidos desde aviones o drones para obtener modelos tridimensionales muy precisos del terreno y de la vegetación. En incendios forestales permite conocer la estructura del bosque, estimar la carga de combustible y planificar medidas de prevención y extinción.

 

[10] Riaño, D., Salas, J., & Chuvieco, E. (2001). Cartografía de modelos de combustible con teledetección: aportaciones a un desarrollo ambiental sostenible. Estudios Geográficos62(243), 309–333. https://doi.org/10.3989/egeogr.2001.i243.287

 

[11] Vgr. el reciente (julio 2026) incendio forestal de Los Gallardos (Almería), con 13 fallecidos (10 desaparecidos), se habría originado por un posible fallo o caída de un elemento del tendido eléctrico sobre vegetación muy seca. Pero, la tragedia se vio agravada por una intensa ola de calor, fuertes rachas de viento y una orografía complicada que favorecieron una propagación extremadamente rápida de las llamas y dificultades en la evacuación. Además, varias víctimas quedaron atrapadas al intentar escapar por rutas alternativas no previstas en los planes de evacuación.

Este incendio está reabriendo el debate sobre tres cuestiones: mantenimiento de infraestructuras eléctricas en zonas forestales, sistemas de alerta temprana y planificación de evacuaciones en áreas dispersas urbanas con elevada presencia turística.

 

[12] Por todos, Martínez, J., Chuvieco, E., & Martín, P. (2008). Estimación de factores de riesgo humano de ignición en España mediante regresión logística. En P. L. Andrews & B. W. Butler (Eds.), Fuels Management-How to Measure Success: Conference Proceedings (Proceedings RMRS-P-41). USDA Forest Service.  Utiliza datos nacionales y parte expresamente de la constatación de que la inmensa mayoría de los incendios en España tienen origen antrópico (+/- 90-96%). Tamb. Martínez Fernández, J. (2004). Análisis, estimación y cartografía del riesgo humano de incendios forestales (Tesis doctoral, Universidad de Alcalá).

Los autores pertenecen al mismo grupo de investigación.

 

[13] Barrado Rubio, A. Mª. (2019). Uso de datos liDAR para la delimitación geográfica del riesgo de incendio en zonas de interfaz urbano-forestal (IU-F) aplicado a Guisando (ÁVILA-ESPAÑA). Rev. Estudios Geográficos, Vol. 80, nº. 287, 2019. https://orcid.org/0000-0001-6396-7188

 

[14] OCTCD-C. Informe C. Págs. 7, 11 y 13.

 

[15] Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Gabinete de Prensa (2025): 10 medidas urgentes para reducir el riesgo de grandes incendios y adaptar la gestión forestal al cambio climático y al abandono rural. Publicado: 04/11/2025.

https://www.ingenierosdemontes.org/prensa/el-coim-presenta-10-medidas-urgentes-para-reducir-el-riesgo-de-grandes-incendios

 

[16] 10 Medidas…

 

[17] Expertos de la ULE (Fernández Guisuraga, J. M.) alertan que sin una gestión activa del territorio los incendios forestales más destructivos serán incontrolables

https://www.unileon.es/noticias/expertos-de-la-ule-alertan-que-sin-una-gestion-activa-del-territorio-los-incendios

 

[18] Chuvieco y Salas et al. (2007). Generación de un Modelo de Peligro de Incendios Forestales mediante Teledetección y SIG. En TELEDETECCIÓN - Hacia un mejor entendimiento de la dinámica global y regional Ed. Martin, 2007.

Chuvieco, E., Salas, F. J., et al. (2001): “Estimación del estado hídrico de la vegetación a partir de sensores de alta y baja resolución”, GeoFocus (Artículos), nº 1, p. 1-16

 

[19] Barrado Rubio, op. cit.

 

[20] Tamb. García-Cimarras, A. (2023). Análisis de los tipos de combustible forestal y sus cambios mediante LiDAR Multitemporal. Tesis doctoral, Dirs. J.A. Manzanera de la Vega y R. Valbuena Puebla, U. Politécnica de Madrid, ETS de Ingenieros de Montes, Forestales y del Medio Ambiente. https://oa.upm.es/74416/1/ALBA_GARCIA_CIMARRAS.pdf

Puede consultarse también la bibliografía de su grupo de investigación: García-Cimarras, A. et al. (Grupo SILVANET-UPM). Trabajos sobre clasificación de combustibles y riesgo mediante LiDAR:

García-Cimarras A., Manzanera J.A., Valbuena R. Analysis of Mediterranean Vegetation Fuel Type Changes Using Multitemporal LiDAR. Forests. 2021; 12(3):335. https://doi.org/10.3390/f12030335

 

[21] Galiana Martín, L. (2012). Las Interfaces Urbano-Forestales: un nuevo Territorio de riesgo en España. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles nº 58 - 2012, págs. 205-226.

 

[22] Vid. Monago Terraza, J.A. (2024): Catástrofes naturales: respuesta del derecho administrativo español; Dirs.: Prof. Dr. R. Rivero Ortega Prof. Dr. D. Terrón Santos. Universidad de Salamanca, Programa de Doctorado, Estado de Derecho y Gobernanza Global. Salamanca-España, octubre-2024. https://gredos.usal.es/bitstream/handle/10366/163762/Monago%20Terraza%2C%20Jos%C3%A9%20Antonio.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Tamb. D. M. Molina Terrén y A Mir Sabaté (Coords.) (2025). La dirección técnica de extinción de incendios forestales en España: nuevos retos. Edit. Ministerio para Transición Ecológica y el Reto Demográfico-2025. https://libreria.miteco.gob.es/media/miteco/files/book-attachment-177.pdf

 

 

 


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