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D.E.P. querido compañero

Todos somos cobardes, de repente

Noticia

El 2 de septiembre recibíamos la peor de las noticias cuando conocíamos que nuestro querido compañero Juan Valiente había fallecido de forma inesperada.

Imagen Juan Valiente Lefebvre

Fíjate, Juan... Cada vez que hablaba contigo, llegaba a la conclusión de que en LEFEBVRE no éramos cobardes.

Pensaba, como tú, que los objetivos eran puñeteros, exigentes, que la situación no ayudaba, que la pandemia lo hacía todo más difícil, pero... que había que lograrlo y se lograba.

Hasta ayer, pensaba -equivocado- que no teníamos miedo a nada, a ningún desafío del mercado, del sector, a la situación económica agravada por el asqueroso COVID-19, ni a ninguna exigencia particular o extrema de nuestras profesiones conocidas y apreciadas: abogados, notarios, tantas otras...

Pero no. Me equivocaba de forma rotunda. Desde ayer, es exactamente al contrario.
En LEFEBVRE, desde ayer, todos tenemos miedo, todos somos cobardes.
En LEFEBVRE, desde ayer, faltas tú; falta Juan, falta el más Valiente de todos los valientes. Nadie se atreve a no tener miedo.

La vida tiene estas trampas, estos quiebros inesperados, estas curvas peligrosas que a veces nos hacen derrapar y estrellarnos sin posibilidad de arrepentimiento ni rectificación.
Un zarpazo tremendo y homicida del destino nos ha arrebatado a Juan Valiente.
Su humanidad, voluminosa y solidaria, se ha ido para siempre, dejándonos como ejemplo su estela de hombre leal y generoso.

Las malas cartas... Otra vez tenemos que denunciar la injusticia de esta puñetera partida, en la que las cartas están tan, tan mal dadas...
¿¡Por qué Juan!? ¿Por qué él? ¿Por qué no hemos podido, entre todos, y con la complicidad de todas las deidades, designar a algún otro jugador/perdedor que no fuera él, que lo mereciera más que Juan?
Entre todos, seguro, habríamos podido elegir a docena y media de sabios descompuestos, ilustres percherones, catedráticos de la altanería, ingenieros de la displicencia, activistas de la mala fe, que habrían merecido mucho más el tajo fulminante y mortífero que el ángel exterminador ha regalado a Juan, a Valiente, al más valiente de todos los Valientes.

Adiós, Juan. Nos hemos vuelto cobardes con tu muerte. Pero te damos gracias por tu vida, por tu humanidad, tan prontamente arrebatada. Gracias por tu generosidad, que te llevó, en marzo 2020, a proponer la creación de un fondo solidario para los que más estuvieran sufriendo por la pandemia.
Así fuiste. Así te recordaremos, huérfanos de tu valentía.
Descansa en paz, amigo, Valiente compañero

 

Juan Pujol
Presidente
Consejero Delegado Editorial de Lefebvre