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Entrevista

Jose María Viñals: No sé si se acuñará el concepto de “alma digital” pero la existencia de una identidad en el ámbito digital, a través de avatares u otro tipo de identidades, ya es una realidad

Entrevista
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Entrevistamos a José María Viñals Camallonga, Socio de Squire Patton Boggs y profesor del Programa Especializado en Blockchain del IEB, con motivo de la publicación del informe “Reflexiones jurídicas y financieras pos-COVID-19” elaborado por el Departamento de Investigación del IEB que ha contado con su participación al incluir su artículo “Big Data e Inteligencia Artificial en la lucha contra el COVID-19”.

1.- Jose María en su artículo “Big Data e Inteligencia Artificial en la lucha contra el COVID-19” incluido en dicho informe plantea la cuestión del papel a desempeñar por las nuevas tecnologías en la resolución de conflictos complejos. En este sentido ¿hasta qué punto los gobiernos pueden encontrar en las nuevas tecnologías soluciones prácticas y eficientes a situaciones extraordinarias y repletas de dificultades como las que plantea la crisis de la COVID-19?

La crisis de la Covid-19 ha supuesto un gran reto para todos los gobiernos y, especialmente, para aquellos en los que el virus ha tenido un mayor impacto. A pesar del incuestionable desafío de esta crisis a todos los niveles, determinados países han sabido responder de manera práctica y eficiente apoyándose en las nuevas tecnologías de seguimiento “track and trace”.

Posiblemente el caso más exitoso lo encontramos en Corea del Sur, país ejemplar a nivel mundial en cuanto a la gestión de la crisis se refiere. El país asiático ha sido capaz de contener el virus de un modo -a día de hoy sorprendente- apoyado por un sistema de inteligencia artificial aplicado a la detección de contagios. Otro ejemplo de uso de tecnología de manera masiva es Nueva Zelanda, país que, aunque beneficiado por su posición geográfica, ha implementado el uso de la tecnología para rastrear posibles contactos con infectados y obligando a realizar cuarentenas estrictas a aquellos que pudieran estar infectados. Esta estrategia ha permitido al país proclamarse “libre” de la Covid a fecha de 29 de mayo de 2020. Esta tecnología ha probado ser efectiva en el aislamiento -de manera temprana- de los contagiados evitando la propagación del virus. Hong Kong, Singapur y China también han apostado por este tipo de innovación tecnológica con –hasta la fecha- buenos resultados.

Lo anterior nos demuestra que la tecnología ya existe, es efectiva y que los gobiernos deben apoyarse en nuevos modelos tecnológicos para afrontar los nuevos retos sanitarios.

2.- Los hábitos y las costumbres de los ciudadanos vienen nutriendo los grandes bancos de datos que poseen las tecnológicas, pero ¿hasta qué punto dichos acopios seguirán siendo útiles si los hábitos y costumbres a seguir han dejado de ser los rutinarios y normales debido a la pandemia? ¿Falla la regularidad y estabilidad del modelo? ¿Falla el objetivo? ¿Qué es lo discordante, si es que falla algo?

Es innegable que los hábitos y las costumbres de los ciudadanos se han modificado por completo en los últimos meses. La crisis de la Covid-19 ha marcado un antes y un después en la vida de los ciudadanos, y no ha dejado indiferente a nadie.

A mi modo de entender es precisamente ese cambio drástico en los hábitos lo que nos va a mostrar el verdadero valor de los datos. Las tecnológicas que posean datos anteriores y posteriores a la crisis van a poder analizar cómo evolucionan los hábitos y encontrar nuevas pautas o algoritmos que predigan los nuevos comportamientos. Ese cambio de rutina es un dato de incalculable valor. Nadie sabe cuándo volveremos a vivir una crisis de estas características, pero las tecnológicas que dispongan de estos datos podrán predecir y determinar de una manera más precisa el cambio de comportamiento de la población en su sentido más amplio en posibles futuras crisis e incluso de cara a nuevos brotes de la Covid-19.

Aún estamos en una primera fase de reacción y cambio de conductas. La efectividad de las tecnologías e idoneidad de los datos recogidos, así como su tratamiento solo podremos valorarla conforme continúe la pandemia y -más aún- de producirse una segunda oleada. De producirse, podremos valorar la precisión del modelo y –en su caso- adaptarlo.

3.- La IA procesa esos datos con el fin de obtener patrones que permitan predecir situaciones futuras. Pero el proceso de patronalización de información personal con datos sensibles como los de la salud no sabemos si está o no sujeta a reglas y valores éticos. ¿A quién corresponde supervisar la eticidad que ha de guiar el modus operandi de la IA a la hora de gestionar y procesar esos datos?

La automatización de información personal está sujeta a la normativa de protección de datos. Es por esto que esta tecnología está siendo monitorizada y adaptada constantemente para que sus usos estén alineados con la legislación vigente.

Existen organismos de supervisión del cumplimiento de la normativa de protección de datos.  La supervisión de estos derechos, correspondería, a mi entender, a una acción conjunta del Supervisor Europeo de Protección de Datos, al Comité Europeo de Protección de Datos, y a las autoridades locales de los Estados miembro, en el caso de España a la Agencia Española de Protección de Datos.

4.- Identidad digital, rastro digital, comportamiento digital… ¿Terminaremos hablando de “alma digital” como paso definitivo en la disociación entre el yo físico y el avatar?

Vivimos en un mundo completamente conectado en el que diariamente compartimos cantidades ingentes de información a través de la red. No son pocas las investigaciones de prestigiosas universidades como Stanford o Cambridge que han concluido que internet te conoce mejor que tus personas más cercanas.

En definitiva, no sé si se acuñará el concepto de “alma digital” pero la existencia de una identidad en el ámbito digital, a través de avatares u otro tipo de identidades, ya es una realidad. No debemos descartar que hay un “yo digital” en la red que da mucha información sobre mi “yo real” y que terceras personas pueden -en determinados casos y con la tecnología adecuada-  adelantarse a los deseos de mi “yo real”.

5.- Hay quienes consideran que en aras de limitar la expansión de la enfermedad COVID-19 se podría justificar y defender cualquier sacrificio en detrimento de la privacidad. ¿Qué opina al respecto?

La actual crisis sanitaria que vivimos en nuestro país está suponiendo un sacrificio por parte de todos los ciudadanos que han visto reducidos sus derechos y libertades más básicos, tales como la libertad de circulación.  Se entiende que este esfuerzo es esencial para la pronta recuperación de nuestro país y así también lo entienden la mayoría de los gobiernos que han adoptado medidas similares. Sin embargo, en las actuales sociedades democráticas, existen garantías mínimas, y, por ende, hay determinados límites que no se deben sobrepasar sin el expreso consentimiento del ciudadano.  Mediante una ponderación entre bienes jurídicos protegidos, se debe buscar la solución más efectiva y menos intrusiva posible, siempre en cumplimiento de los derechos fundamentales, y en especial atención a la protección de datos. En este sentido, existen medios y opciones que permiten cumplir con los objetivos de seguridad sin necesidad de reducir la privacidad de los ciudadanos.

Algunos países asiáticos han implementado aplicaciones tecnológicas que en Europa serían muy cuestionadas por la ciudadanía y de difícil implementación legal. En este sentido, la mayoría de Estados miembro de la UE han decidido usar tecnologías descentralizadas (DP-3T) y encriptadas para evitar que los datos de los ciudadanos vayan a un servidor común. Asimismo, también se ha optado por el uso del Bluetooth frente a la geolocalización en las nuevas aplicaciones telefónicas de seguimiento. La UE ha vuelto a enseñarnos que se pueden buscar terceras vías y que la tecnología es lo suficientemente variada como para “hacer trajes” a medida del derecho.

6.- En el ámbito empresarial se habla de capital humano, capital financiero, capital riesgo, capital social, capital industrial, capital intelectual,… ¿Cabría hablar también de “capital privacidad” como sinónimo de riqueza al permitir a las organizaciones con esa información y potencial de actuación que dicha información comporta ganar en capacidad económica?

Los datos se han convertido en la pieza central de muchas organizaciones que han entendido su valor. Existe la ley de secretos empresariales, que al final, busca proteger datos empresariales o de empresarios que son, en gran parte, un capital intangible que otorga valor añadido o singularidad a su negocio.

Al igual, los datos permiten conocer de una manera más precisa a clientes y usuarios puntualizando sus hábitos, gustos y preferencias entre otros muchos aspectos. Llevamos mucho tiempo compartiendo nuestros datos, muchas veces sin darnos cuenta, y ya tenemos las herramientas tecnológicas para sacarles mucho fruto comercial. Las empresas no son ajenas al valor de este nuevo activo. Ya existen operaciones de compra de empresas sin activos reales ni fondos que cuentan con un enorme valor solo por el hecho de tener cantidades ingentes de datos. Los paquetes de datos se van a convertir en activos de gran valor empresarial.

7.-  La fórmula tecnológica para combatir la COVID-19 compuesta por: Big Data + IA + Machine Learning + Blockchain, y volcada en los ingentes bancos de datos personales y sanitarios que se están generando y cosechando, parece alquimia tecnológica y llega incluso a asustar un poco. ¿Cómo hemos de contemplarla, como una oportunidad o como una amenaza?

Los gobiernos están utilizando todos los recursos tecnológicos disponibles para hacer frente a esta gran amenaza. La combinación de Big Data + IA + Machine Learning con los datos disponibles es cuanto poco sorprendente y parece estar dando buenos resultados. Parece lógico que el uso de esta combinación a gran escala pueda infundir respeto y temor, pero debe verse como una oportunidad de poner todos los medios al servicio de la vida y la lucha contra la Covid-19. No obstante, no cualquier uso es recomendable. La alquimia tecnológica debe parar cuando empiezan los derechos fundamentales de los ciudadanos. A este respecto, la UE tiene claro que no va a poner en riesgo su bien más preciado (la libertad y derechos de los ciudadanos) con el fin de conseguir libertades futuras. Por ello, todas las aplicaciones de seguimiento contra la COVID-19 que contempla la UE permiten al usuario descargarlas en su “smartphone” de forma voluntaria y activarlas y desactivarlas cuando quieran. En este sentido, hay un consentimiento expreso en todo momento del ciudadano.

8.- Y para terminar ¿cree que la IA aplicada al Big Data seguirá aplicándose una vez nos adentremos en la fase de “la nueva normalidad” para continuar la labor de análisis y respuesta a la lucha contra la COVID-19? ¿La IA, al igual que el riesgo pandémico, ha venido también para quedarse?

Sin lugar a dudas. Esperemos que la nueva normalidad no sea más que un periodo transitorio de convivencia con la Covid-19. Es completamente necesario que la tecnología se ponga al servicio de la ciudadanía para protegerla de nuevos brotes pandémicos. De hecho, puede ser el momento de mayor necesidad puesto que los ciudadanos estarán más expuestos al virus y, por tanto, la contención de un nuevo brote es –si cabe- todavía más importante para nuestra sociedad y economía.

Parece claro que hasta que no se descubra una vacuna contra la pandemia, el uso de IA y Big Data va a ser fundamental para la contención del virus y protección de nuestra salud.

El uso de esta tecnología en la lucha de la Covid es solo el inicio de su implementación en otras circunstancias. Sin embargo, los límites legales y éticos deben estar siempre bien delimitados y con la fuerza y capacidad suficiente para saber adaptar la tecnología de forma que esté siempre a favor del bien común y en línea con los derechos fundamentales.