Comentarios Jurisprudenciales

La consideración de Uber como servicio de transporte. Sentencia del Tribunal de Justicia de 20 de diciembre de 2017, Uber (C-434/15)

Tribuna

1. Hechos. Élite Taxi solicitó al Mercantil nº3 de Barcelona que declarase la deslealtad de la actividad de Uber Systems Spain y que ordenase el cese de sus actividades bajo demanda efectuadas por aparatos móviles y por Internet. Para determinar si existe esta deslealtad, el Juzgado en cuestión debe saber si Uber requiere una autorización administrativa previa para ejercitar su actividad, por lo que debe determinarse si sus servicios son de transporte, de la sociedad de la información o una combinación de ambos.

A tales efectos, el juzgado barcelonés explicita que Uber pone en contacto, mediante aplicaciones y herramientas informáticas a conductores no profesionales con personas que desean realizar trayectos urbanos; todo ello con ánimo de lucro.

2. Pronunciamientos. El Tribunal comienza por determinar que un servicio como el de las características descritas, que únicamente pone en contacto a dos personas, difiere de un servicio de transporte, siendo en principio calificable como servicio de la sociedad de la información.

Sin embargo, el TJ puntualiza que éste no es el caso de Uber, ya que esta compañía “crea al mismo tiempo una oferta de servicios de transporte urbano, que hace accesible concretamente mediante herramientas informáticas”. Considera el Tribunal que la aplicación es indispensable para que los conductores puedan prestar sus servicios y para que los usuarios puedan acceder a dichos servicios. Adicionalmente, Uber influye de manera directa en la oferta de servicios prestada al imponer un precio máximo para la carrera, ejercer un control sobre la calidad de los vehículos y examinar el comportamiento de los conductores, los cuales pueden ser expulsados.

Por todo ello, este servicio de intermediación es parte de un servicio de transportes, no siendo posible calificarlo como servicio de la sociedad de la información, lo cual excluye la aplicación de las directivas 2000/31 y 2006/123 y del principio de libre prestación de servicios aplicable a estos operadores.

Como consecuencia de lo anterior, no se le aplicará tampoco el artículo 56 del TFUE sobre libre prestación de servicios, sino el 58.1 y, con esto, la política común de transportes, que deberá ser respetada por los Estados Miembros a la hora de regular servicios como Uber.

3. Comentario. Es evidente que la sentencia tiene especial trascendencia como consecuencia del reciente auge de las empresas que prestan servicios de intermediación en internet, en el marco de la denominada “economía colaborativa”. Estas compañías han fundamentado su crecimiento en una apariencia de mero intermediador para así evitar la regulación aplicable en el sector en el que en realidad operan.

Hasta el momento estas empresas defendían su carácter de prestadores de servicios de la sociedad de la información, acogiéndose al régimen jurídico propio de empresas que prestan sus servicios a través de internet, generando una sensible diferencia entre éstos y el resto de competidores del mercado.

Así, la decisión del TJ refuerza la actual tendencia de regulación de los intermediadores, que han comenzado a ser considerados verdaderos operadores de un sector, debiendo estar sujetos a las condiciones aplicables al resto de actores que participan en el mismo, como también ha ocurrido con Deliveroo en materia laboral.

En relación con Uber, la sentencia únicamente confirma la sujeción al régimen al que la empresa se estaba sometiendo actualmente en España, ya que venía operando en nuestro país mediante licencias VTC desde la suspensión cautelar del Juzgado nº3 de lo Mercantil de Barcelona, es decir, sujeta a la normativa de transportes.

No obstante lo anterior, la decisión sí constituye un precedente para la aplicación de regulaciones administrativas a intermediarios que operan a través de internet, ya que se confirma el fin de la situación de privilegio legal en la que se habían amparado hasta el momento.

Por último, es preciso matizar que la sentencia excluye la aplicación de la Directiva 2000/31/CE de servicios de la sociedad de la información sobre la actividad de Uber en su conjunto, lo cual no quiere decir que el funcionamiento de su aplicación no esté sujeto a los preceptos de esta directiva, por lo que Uber sí debe cumplir con las disposiciones de la misma como titular del sitio web y de una App.

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1. Classification of Uber as a transport service. Judgment of the Court of Justice of 20 December 2017, Uber (C-434/15).

1. Background. Elite Taxi applied to Barcelona Commercial Court no. 3 seeking a declaration that the activities of Uber Systems Spain constituted unfair conduct and an order for that company to cease its on-demand booking services by means of mobile devices and the Internet. In order to determine whether Uber’s practices could be classified as unfair, the court in question needed to know whether that company required prior administrative authorisation in order to operate. To that end, it was necessary to determine whether its services should be regarded as transport services, information society services or a combination of both.

In that regard, the court in Barcelona stated that Uber connects –via applications and software tools– non-professional drivers with persons who wish to make urban journeys, this activity being for profit.

2. Findings. The CJ began by establishing that a service of such characteristics, which merely connects two people, differs from a transport service and may, in principle, be classified as an information society service.

The CJ nevertheless points out that this is not the case with Uber, given that this company “simultaneously offers urban transport services, which it renders accessible, in particular, through software tools”. The Court considered that the application was indispensable in order for drivers to be able to provide their services and for users to be able to access those services. Additionally, it held that Uber directly influenced the services offered by imposing a maximum fare, exercising a certain control over the quality of the vehicles and examining the drivers’ conduct, which could result in their exclusion.

In light of all the above, this intermediation service forms part of a transport service and cannot be classified as an information society service, which rules out the application of Directives 2000/31 and 2006/123 and the principle of freedom to provide services applicable to those operators.

Consequently, Article 56 TFEU on the freedom to provide services will not apply either; instead, Article 58.1, and thus the common transport policy, will have to be observed by the Member States when it comes to regulating services such as Uber.

3. Remarks. This judgment obviously has particular significance due to the recent upsurge in companies which provide intermediation services on the Internet within the context of the so-called “collaborative, or sharing, economy”. The growth of such companies is due to the fact that they purport to be mere intermediaries in order to circumvent the rules that apply in the sector in which they actually operate.

Until now, those companies had argued that they were information society service providers, availing themselves of the legal regime applicable to companies that provide their services on the Internet and considerably differentiating themselves from other market competitors.

The CJ’s decision thus reinforces the current trend of regulating intermediaries –which have started to become real operators in certain sectors and should therefore be subject to the same conditions that apply to the other operators in those sectors– as has occurred in the case of Deliveroo in respect of employment law.

As regards Uber, the judgment merely confirms that the company is subject to the regime under which it is currently operating in Spain –i.e., subject to transport legislation–, since it had been operating in this country via PHV licences since the injunction ordered by Barcelona Commercial Court no. 3.

The decision does, however, set a precedent for the application of administrative regulations to intermediaries operating online, since it confirms the end of the legal privilege that they had formerly enjoyed.

Lastly, it should be clarified that the judgment precludes the application of Directive 2000/31/EC on information society services to Uber’s activity overall. This does not exclude the functioning of its application from the provisions of that Directive, with which Uber must comply as the owner of the website and an App.


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