In Memoriam

¡Hola, Enrique!

Noticia

En recuerdo de Enrique García.

En memoria de Enrique García_img

No nos habíamos visto nunca. Pero hoy he visto a tu mujer, Isabel; y a tus hijos -desde Mateo, Lucía, Martín, Sira, Quique, ¡hasta el infinito y más allá!- y hoy te he visto, tal como eres, tal como has sido. Y he decirte que estoy encantado de haberte conocido. Encantado de ver formada a vuestra pequeña tropa, capitaneada desde hoy por Bachiller (aunque tú estarás vigilante, en el puente de mando, firme el sextante, larga la mirada), capitaneada por Isabel, a quien intentaremos servir como grumetes avezados

Yo no tengo el don de la fe cristiana (aunque ya sabemos lo que respondía don Miguel a quienes decían esa simpleza: “¿un don? la fe no es un don; la fe es una tarea ardua” de todos los días, de todos los dolores, de todas las alegrías).

No tengo fe, pero sí tengo la suerte de trabajar a diario con un grupo de personas cotidianamente extraordinarias.

Personas como Isabel -como tu Isabel-, intelectualmente brillantes, contribuyentes netas al tesoro inusual de la inteligencia y la bonhomía.

Afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento.

Esos son los rasgos de las personas de bien. De las que rodean a diario a Isabel. Los rasgos -tú lo sabes mejor que nadie- que compartías con Isabel.

Duele la vida. Claro que sí. Pero -créeme , amigo Enrique-, el pentagrama (5 líneas) que has escrito con Isabel, el quinteto que ya quisiera Schubert para sí (¡y él escribió el quinteto de “La trucha”!) alivia el dolor, mitiga el sufrimiento y ayuda a superar la desesperación con las notas afinadas de su sinfonía, hoy triste y doliente, mañana y después, siempre esperanzada.

Enrique: te envío el abrazo que no pude darte aquí, pero que espero me devuelvas algún día, en alguna estrella.

Suena al fondo el coro de voces blancas.

Suena al fondo el dolor de la vida, la esperanza de tanto niño cantor.

 

En memoria de Enrique García.

 

Juan Pujol Jaén

Presidente de Lefebvre