El Día Internacional de las Mujeres 2026 (IWD) se conmemora bajo el lema “Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas”

Yolanda Cañizares (Pedrosa Lagos): "Las bases de datos y las herramientas tecnológicas han agilizado enormemente el trabajo jurídico"

Entrevista
Yolanda Cañizares

Este año el IWD quiere llamar a la acción para derribar las barreras estructurales que impiden la igualdad antes la justicia como son las leyes discriminatorias, protección legal débil y normas sociales que erosionan derechos de mujeres y niñas.

Entrevistamos a mujeres profesionales de la abogacía con más de 20 años de experiencia para que cuenten como han vivido la transformación de la Justicia, cómo afrontan los retos tecnológicos o como evalúan el panorama de desigualdad normativa.

A continuación, conocemos con más detalle la opinión de Yolanda Cañizares.

Después de dos décadas de ejercicio, ¿cuál es el cambio más drástico que ha observado en la práctica diaria de la abogacía?

Para mí el cambio más drástico ha sido la transformación digital, ya no solo en el acceso a la información sino en la forma de trabajar.

Antes, para preparar un asunto, pasábamos muchas horas entre tomos de legislación y jurisprudencia, bibliotecas y búsquedas muy manuales. Encontrar, por ejemplo, una sentencia realmente útil para tu caso, después de tanto trabajo, era casi un “hallazgo” y, al menos, yo lo vivía como un pequeño triunfo personal.

Hoy, con las bases de datos y las herramientas tecnológicas, ese análisis es mucho más ágil y eso es una gran ventaja. Todavía recuerdo enviar documentación por fax y tener que hacer copias para poder disponer de acreditación del contenido que habías enviado porque se borraba o preparar impresos y formularios a máquina de escribir o a mano, con papel autocopiativo y repetirlo todo si te equivocabas o tener que acudir presencialmente a las administraciones públicas para hacer gestiones tan simples como la obtención provisional de un N.I.F. cuando se constituye una sociedad.

Las bases de datos y las herramientas tecnológicas han agilizado enormemente el trabajo jurídico, permitiendo inclusive tener reuniones telemáticas, pero esa misma facilidad ha cambiado también las expectativas. Algunos clientes llegan con respuestas “prefabricadas” tras consultar Internet o herramientas de IA, y a veces parece que todo debería ser inmediato. Sin embargo, el Derecho sigue siendo muy casuístico y lo que sirve para un caso no se puede trasladar sin más a otro por muy similar que pueda parecer.

Para mí el cambio es claramente positivo, porque nos permite analizar mejor en menos tiempo. Pero también ha generado la falsa sensación de que el valor del abogado está en “encontrar” información, cuando en realidad está en interpretarla, contextualizarla y aplicarla estratégicamente al caso concreto.

¿Cree que la tecnología debe ser complementaria o sustituta de la labor profesional? ¿Por qué?

Es totalmente complementaria. Entiendo que la tecnología es muy útil y práctica como soporte para tareas concretas (administrativas, de búsqueda, tratamiento de documentación etc.), pero creo que no puede sustituir lo que define nuestro trabajo como abogados y que son claves en los asuntos que tratamos en nuestro día a día y que son, entre otros, la estrategia y el criterio jurídico, así como otros componentes más humanos y empáticos como son la capacidad de entender de verdad la situación del cliente y poder asesorarle adecuadamente. Tampoco puede sustituir la negociación y/o toma de decisiones que varían enormemente dependiendo, entre otros, del contexto de cada cliente, de sus prioridades y de los riesgos asumibles.

La tecnología puede ayudarnos a trabajar mejor, pero creo que el criterio y la empatía de las personas es insustituible.

Con respecto al liderazgo femenino, ¿puede contar su experiencia sobre la evolución de la mujer en la toma de decisiones?

Cuando empecé mi vida profesional como abogada, había muchas mujeres, pero fundamentalmente en posiciones intermedias o de base. No existían apenas referentes de liderazgo femenino y, por tanto, tampoco modelos en los que mirarse. Con el paso del tiempo eso ha ido cambiando. Empezaron a incorporarse mujeres a puestos de responsabilidad y a la sociatura, tanto en nuestro despacho como en el sector en general. El avance, desde esta perspectiva, ha sido real y evidente.

No obstante, en mi experiencia, el liderazgo no es mejor ni peor en función del género; es diferente, como lo son las personas. Cada profesional tiene su manera de dirigir, de tomar decisiones y de relacionarse con el equipo y con los clientes. Reducirlo a una cuestión de género sería simplificarlo demasiado.

Lo que sí creo firmemente es que la diversidad enriquece cualquier organización. Contar con distintas formas de pensar, distintas sensibilidades y distintas maneras de abordar los problemas permite analizar mejor las situaciones y tomar decisiones más completas. Creo firmemente que esa pluralidad de visiones es lo que realmente fortalece a un despacho y le permite crecer y afrontar el futuro con mayor solidez.

¿En qué aspectos concretos se han superado obstáculos con el paso del tiempo y las nuevas generaciones?

Creo sinceramente que las nuevas generaciones nos han aportado una visión que, al menos cuando yo empecé, no existía. Nos han demostrado que se puede ser un buen profesional sin renunciar necesariamente a la vida personal, y que ambas cosas no son incompatibles.

Cuando yo inicié mi carrera, los horarios eran prácticamente interminables, incluidos fines de semana, y nadie se planteaba que pudiera ser de otra manera. Era lo normal y, en cierto modo, lo esperado. Con el tiempo y gracias en gran parte a las nuevas generaciones ha habido una especie de “despertar” en relación con la conciliación.

Hoy existe más flexibilidad en los horarios de entrada y salida y el teletrabajo forma parte de la realidad profesional.

Creo que el mayor avance ha sido precisamente la naturalidad con la que ahora se habla de equilibrio.

¿Qué recomendaría en la formación de las nuevas generaciones?

Hay tres pilares que son fundamentales, aun cuando pueden no estar ligadas necesariamente a la formación académica como tal; considerando esenciales para mí las siguientes: una buena actitud (ganas de aprender continuamente y pasión por lo que hacen), tener criterio para poder cuestionarlo todo y no dar nada por supuesto, al menos en nuestra profesión y que no tengan miedo a expresarse o comunicarse. Con lo anterior y una base jurídica mínima, considero que las nuevas generaciones ya pueden empezar a trabajar en ser unos futuros abogados.

A veces veo a los jóvenes que se incorporan al despacho muy tímidos, con miedo a intervenir o a expresar una opinión. Y creo que es esencial que aprendan a comunicar con claridad y seguridad. No se trata de saberlo todo, nadie lo sabe al empezar y en realidad nunca se deja de aprender, aunque lleves muchos años de ejercicio, sino de tener la confianza suficiente para decir: “esto no lo sé todavía, pero lo voy a revisar a fondo”.

Nuestra profesión exige esfuerzo y responsabilidad, por lo que, si no hay interés auténtico, es difícil sostenerlo en el tiempo.

Puedes ver el especial completo aquí

 

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