El actual ciclo de crecimiento del sector de la defensa no responde a una coyuntura puntual, sino a un cambio estructural que redefinirá las prioridades estratégicas de Europa en los próximos años. Esta es una de las principales conclusiones derivadas del foro organizado por el despacho Herbert Smith Freehills Kramer para analizar las principales claves que están impulsado el auge del sector, en un contexto marcado por la transformación internacional. Los ponentes coincidieron en que la industria vive un momento de fuerte dinamismo, con un incremento notable de operaciones y un creciente interés inversor, si bien persisten desafíos relacionados con la regulación, la fragmentación del ecosistema europeo y la alta dependencia tecnológica de la UE, como principales obstáculos para el desarrollo del sector.
La mesa inaugural ‘Claves geopolíticas para entender el auge en defensa’, fue moderada por Eduardo Soler Tappa, socio director de HSF Kramer España, y contó con Antonio Afonso Rodríguez, vocal del Gabinete Técnico de la Secretaría de Estado de Defensa; Manuel Alvargonzález Méndez, almirante jefe de los Sistemas de Información y Telecomunicaciones de la Armada y Andrés Sendagorta, presidente del Grupo Sener, como ponentes invitados. La mesa analizó las claves geopolíticas del rearme global y puso de relieve el nuevo escenario de riesgos al que se enfrenta la comunidad internacional.
La mesa remarcó que “la primera obligación de un Estado es garantizar la seguridad de sus ciudadanos, pues sin ella no hay educación, sanidad, ni desarrollo económico”. En este contexto, se valoró que la industria todavía necesita mayor exigencia, inversión y visión estratégica. Asimismo, destacó que “la industria de defensa es un motor tecnológico que impacta en múltiples ámbitos, desde la energía hasta las infraestructuras”, y se recalcó la necesidad de reforzar su desarrollo como elemento clave para la soberanía industrial europea.
La segunda mesa ‘Inversión del capital privado en defensa’, fue moderada por Alberto Frasquet, socio y director de mercantil en EMEA de HSF Kramer, y contó con Daniel Pascual, socio director del Fondo Nazca Aeroespacial y Defensa Innvierte I; Beatriz Pavón, managing director y responsable de M&A en Europa de Willis Towers Watson e Iria Calviño, socia y directora de sectores regulados/co-directora de ESG EMEA de HSF Kramer, como ponentes invitados. La mesa se centró en el papel creciente del capital privado en el sector de la defensa y evidenció un cambio significativo en la percepción de los inversores. En el debate se apuntó a la fragmentación del sector a nivel europeo y al impacto que esto tiene en el interés del capital privado, así como a la necesidad de marcos más claros y de operaciones con escala para facilitar la canalización de inversión.
Desde la perspectiva inversora, se destacó que España cuenta con un tejido empresarial amplio, con numerosas compañías medianas y pequeñas que ofrecen una oportunidad clara de consolidación. En este sentido, la mesa subrayó que “el sector presenta una oportunidad muy relevante para el capital privado, especialmente en ámbitos como la ciberseguridad o el ciberespacio”. También se indicó que “una industria con crecimiento, con visibilidad, es lo que busca un inversor desde un punto de vista financiero” y que “hay un claro cambio de conciencia de los grandes fondos europeos, cada vez hay más apetito inversor en el sector”.
Desde el ámbito asegurador, se señaló que “el mercado ha pasado de una posición de rechazo a plantearse activamente cómo acompañar estas operaciones”, y que hoy “se están asegurando transacciones que hace pocos años no eran asegurables”. Además, se destacó que, aunque las operaciones presentan particularidades relevantes —especialmente en materia de confidencialidad y acceso a la información, lo que complica la identificación de riesgos—, “en esencia son similares a las de otros sectores, aunque con un nivel de complejidad mayor que exige un análisis mucho más especializado”.
En relación con el marco normativo y los criterios ESG, la mesa recordó que “no ha habido un cambio normativo que impida o permita invertir en defensa; lo que ha cambiado es la percepción del mercado”. En este sentido, se subrayó que “la propia Comisión Europea ha clarificado que la normativa ESG no prohíbe este tipo de inversiones, lo que está facilitando un cambio en el posicionamiento de los inversores”.
La jornada finalizó con una tercera mesa ‘Cooperación industrial y tecnológica: consorcios y joint ventures’, moderada por Paulino Fajardo, socio y director de litigación y arbitraje en EMEA de HSF Kramer, y contó con la participación de Miguel Orozco, secretario del Consejo y director de cumplimiento de Navantia; José Manuel Fernández Bosch, CEO de Business Unit Indirect Fire & Rheinmetall Expal Munitions de Rheinmetall y Henar González, socia y directora de competencia de HSF Kramer España, como ponentes invitados. La mesa se enfocó en la cooperación industrial y tecnológica, en la que se analizó la creciente necesidad de consorcios y joint ventures multinacionales. En el intercambio, la mesa indicó que “Europa ha asumido que este cambio geopolítico es estructural, pero la fragmentación entre Estados sigue siendo un reto importante”. A este respecto, se señaló que “la cooperación es imprescindible, pero compleja, porque cada país parte de capacidades y prioridades distintas”, y se añadió que “reducir la dependencia tecnológica llevará tiempo y exigirá reglas comunes más claras”.
En la mesa también se puso de relieve la importancia de contar con cadenas de suministro cercanas y resilientes, señalando que “siempre que sea posible, es preferible contar con proveedores dentro de la Unión Europea, tanto por eficiencia como por seguridad jurídica”.
Por último, se trasladó al foro que, aunque las normas de competencia siguen siendo plenamente aplicables en el sector defensa, “es necesario replantear la forma en que se están aplicando”. En este sentido, se explicó que no existe un verdadero mercado interior europeo de defensa, lo que genera tensiones entre la lógica de mercado y las decisiones estratégicas de soberanía de los Estados. En este contexto, se subrayó que la Comisión Europea ya ha comenzado a reconocer esta necesidad de adaptación, impulsando una interpretación más flexible.