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REDES SOCIALES

La reputación online y el uniforme virtual

Tribuna
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La esencia del ser humano es siempre tender hacia el crecimiento personal. Pertenecer a organizaciones cerradas y jerarquizadas ya posicionadas y con un rol y una imagen social etiquetados por la sociedad como poli malo o poli bueno puede ayudar más bien poco a diferenciar a sus integrantes. De hecho, antes de la eclosión de las redes sociales, que un policía desempeñara una labor positiva pero diferenciada ante un rol tan definido como es un uniforme y se diese a conocer como su propia “marca” personal fuera de las Instituciones, era una panacea.

Si decides hacer pública tu condición profesional unida a una institución es muy difícil desligar la propia imagen personal del uniforme policial. Si en mi perfil de Twitter, Silvia Barrera, hiciera un comentario concreto y cargado de connotaciones políticas, probablemente se vería como un desafío lanzado por quien es policía y no por mi propia opinión personal. Tanto es así como el revuelo que causó hace ya un tiempo la imagen desenfadada de una cuenta que ha roto esquemas @policia. 

La imagen vende

Muchos abandonan sus cuentas en redes sociales porque, según manifiestan quienes lo hacen, aburren y aportan mucho trabajo para lo que se obtiene de ellas.

Otros han continuado con sus perfiles desde los duros comienzos y han sabido amoldarse y acomodar su mensaje para conectar con el usuario y crear un networking amplio y estable. Se han dado a conocer y ahora, no les faltan ofertas ni clientes para estar en lo más alto. Se debe tener presente que cualquier publicación o comentario en redes sociales genera un impacto mucho mayor que en el mundo físico y que en todo caso, no debe ser compartido necesariamente para que llegue al público. Es decir, nunca sabemos quien puede estar leyéndolo y las consecuencias que puede generar.

La imagen reputacional no sólo es asunto de empresas privadas o instituciones, nos representa como personas y con ella transmitimos nuestra realidad.

¿Qué fue de aquella chica aspirante a escritora?

Aquella chica, que desde que tenía 12 años soñaba con ser escritora y ganarse la vida contando historias mientras relataba las absurdas andanzas de un grupo de chavales y las guardaba en su cajón, se presentaba a los concursos literarios del Instituto y mandaba poemas a las editoriales. Con 16, empezó a devorar libros de literatura clásica y nunca más supo.

Pero las inquietudes adolescentes nunca mueren. Te acompañan en el subconsciente y afloran desde los más profundo como la lava cuando se abre paso entre la tierra. Un día te toca luchar contra los malos en la calle y vivir situaciones con poca edad en las que se llega a pensar: “de esta no salgo”. Honor, sacrificio y lealtad son los valores que te impulsan a seguir mientras las nuevas tecnologías siguen su indómito curso. Algunos se empeñan en crear realidades virtuales mientras otros “nos pegamos” con las terrenales.

Pero un día, ya no sostienes en tu mano “una porra” para salir viva de una reyerta, tu arma es un ratón y los objetivos están separados por cientos de kilómetros, aparentemente, detrás de una pantalla. Recibes a diario los problemas de miles de usuarios que te cuentan, con amargura, que han sido estafadas, humilladas públicamente con su imagen compartida hasta el infinito en una página web o que los datos de la empresa que tanto le ha costado levantar han desaparecido. Todas tienen algo en común: el sufrimiento extremo, la impotencia ante lo desconocido y el ver, como un monstruo virtual que apenas tiene unos pocos años de edad, se toma la libertad de acabar con sus vidas o con la de su empresa.

¿Cómo llegar a la gente con un ratón y una pantalla? Empezar de cero

Todos tenemos duros comienzos, la versión “beta” de nuestro perfil. Un paisaje o un personaje ficticio como avatar y una descripción pobre sobre nosotros. Los más escritores, un blog abandonado. Es pronto para darse cuenta que los usuarios que te lean o que busquen datos sobre tu negocio, leerán una pobre descripción y pasarán de largo. Si no es capaz de enganchar con 140 caracteres, pocos van a generar expectativas positivas sobre tu perfil.

No hace falta ser un experto en neuromarketing para darte cuenta que los mensajes llegan a otros. Optimizar contenidos y conectar con el resto de usuarios es cuestión de tiempo. Esa es la verdadera interacción. La genialidad de un perfil está en la capacidad de aportar algo verdaderamente diferente. 

Póngame un “branding” personal, por favor

Si controlas lo que publicas, poco a poco podrás obtener información y feedback valioso de los demás, ser un verdadero “influencer”.

Publica la mayor estupidez que se te ocurra o haz un comentario inapropiado. Las redes sociales tienen su propia idiosincrasia y utilidad. Si algo funciona o tiene que funcionar, funcionará. Si el comentario no es afortunado, lo sabrás:

Como ves, da igual la temática, no hay nada difícil, sino meteduras de pata o comentarios oportunos para estar en lo más alto; o en el abismo.

Poli y cibercrimen. Hasta el infinito y más allá

La batalla virtual se libra con una materia, el tema ciber, aún desconocida, que avanza a una velocidad abismal mientras los usuarios se pierden en los cientos de miles de aplicaciones y alternativas que presentan.

Mientras, en el mundo físico, muchos usuarios, víctimas potenciales, se esfuerzan en aprender a marchas forzadas los peligros a los que se enfrentan, y los más vulnerables, menores y mayores, son los más sometidos a la naturaleza innovadora y cambiante de la Red.

Con este panorama, la estrategia es fácil de intuir y conjugar con mis antecedentes escritores, mi pasión como trabajo y mis bases en la investigación. Esta vez sí, con un perfil serio donde detrás de una imagen, está mi trabajo, mi experiencia y mucho por contar. Lo mismo es trasladable a cualquier ámbito profesional. Aprende a diferenciarte. No hará falta que os diga cuáles fueron mis comienzos en estas fotos que ocuparon y ocupan mi imagen de perfil:

O la evolución de un lenguaje, que poco a poco, se va acomodando a tu propia persona.

o cambios aún más notorios