El Concurso de Oratoria Amadeu Maristany (In Memoriam) está organizado por el Grupo de la Abogacía Joven del ICAB, y la entrega del galardón tuvo lugar durante la sesión solemne de Sant Raimon de Penyafort 2026

Discurso de entrega del premio de Oratoria Amadeu Maristany (In memoriam)

Tribuna
Premio de Oratoria Amadeu Maristany de 2026_img

Bona tarda a totes las autoritats,

Bona tarda a tothom

Para mí es un honor inmenso estar hoy aquí.

Confieso que, cuando me dijeron que había ganado este concurso de oratoria, me sonó un poco sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que el tema era salir de fiesta ¿no?

Pero, luego, si lo pensamos, nos damos cuenta de que precisamente ahí está la magia del derecho: que incluso una cuestión como si esta noche se sale o no, o a qué discoteca vamos, puede terminar planteando una cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Porque yo creo que el Derecho no vive solo en los grandes palacios de justicia, que también. Vive —y muy intensamente— en la vida real.

Yo me formé en mi tierra, en la Universidad de Cantabria, una universidad pública que me enseñó que detrás de cada procedimiento, detrás de cada expediente, hay personas que tienen nombre y apellido. Allí descubrí que el mejor jurista no es el que se sabe todos los códigos de memoria, sino aquel que sabe hacerse las preguntas correctas en los momentos indicados

Después tuve la oportunidad de continuar mi formación en ESADE, una Universidad que me confirmó que la excelencia académica y el compromiso social no son caminos incompatibles, sino complementarios. Que el rigor técnico solo tiene sentido si se pone al servicio de las personas.

Y en este camino apareció Barcelona. Una ciudad que me ha acogido extraordinariamente bien. Una ciudad donde se debate de derecho con la misma pasión con la que se habla de política, de fútbol, de comida, incluso, también, de discotecas. Una ciudad donde he aprendido que la diversidad, la pluralidad son grandes virtudes, un patrimonio que tenemos que cuidar.

Y para ello, quiero reivindicar algo fundamental: la educación. La educación como motor del cambio, de la igualdad, como espacio para el pensamiento crítico, como la mejor inversión que puede hacer una sociedad en su futuro.

Pero también quiero decir algo que quizá no aparece en los manuales jurídicos: y es que el derecho, las normas, necesitan que las personas nos cuidemos, que nos queramos; que discutamos, debatamos, pero respetando siempre al otro.

Porque la libertad es maravillosa, salir de fiesta es maravilloso.
Pero volver a casa respetando a los demás; eso también es Estado de Derecho.

Porque ninguna ley funciona sin respeto.
Ninguna institución se sostiene sin confianza.
Y ningún sistema democrático perdura si olvidamos que detrás de cada expediente, como he dicho, hay una persona con nombre y apellidos

Porque construir una sociedad mejor no solo es tarea del legislador o del juez. También es tarea del estudiante que se esfuerza, del profesor que inspira, del abogado que actúa con ética y del ciudadano que cumple la norma incluso cuando nadie lo mira.

Y también es tarea de quienes tenemos la palabra —aunque sea durante cinco minutos— para recordar que el derecho no es una muralla fría, sino un puente: entre generaciones y entre culturas que lo único que están buscando al final es convivir.

Por ello, termino con gratitud.

Con gratitud a la organización del concurso Amadeu Maristany por crear un espacio donde los jóvenes puedan utilizar la palabra.

Gratitud también al ICAB por este foro y por fomentar la abogacía del cambio.

Gratitud a mis compañeros de Uría Menéndez por acogerme de una forma tan excelente y enseñarme gran parte de lo que sé. En especial a Nico, Patri y Jorge que han venido hoy a verme.

Gratitud, sobre todo, a mis padres, por apoyarme desde el principio hasta el final y por enseñarme que la educación es lo que verdaderamente importa.

Y, por último, gratitud a las instituciones aquí presentes, porque su presencia nos recuerda algo esencial: que el derecho no es un recuerdo del pasado, sino una visión hacia el futuro.

Porque el futuro del derecho no se juega únicamente en los tribunales.
Se juega en las aulas.
En las bibliotecas.
En cómo tratamos al que piensa distinto.
En cómo celebramos sin olvidar al otro.
En cómo ejercemos nuestra libertad, pero con respeto.

Y yo creo profundamente en una generación que estudia, que debate, que se equivoca y aprende, que sale de fiesta… pero que luego al día siguiente, aunque tenga resaca, se levanta con ganas de mejorar las cosas.

Gràcies a tothom.

 


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