Riesgos y límites de la inteligencia artificial generativa

La creación de vídeos hiperrealistas revive el debate ético y legal sobre la IA generativa

Tribuna
Creación de vídeos con IA_img

La reciente aparición de Sora de OpenAI, con su capacidad para generar vídeos hiperrealistas a partir de textos, ha reavivado el debate sobre los límites entre la creatividad y la innovación y los riesgos legales y éticos de la IA generativa. Este nuevo desarrollo tecnológico destaca por su potencial transformador y creativo, prometiendo grandes avances en múltiples sectores como la comunicación, el arte, la educación o la ciencia. Sin embargo, la capacidad de la IA generativa para crear vídeos hiperrealistas también plantea preocupaciones sobre la desinformación o la posible propagación de noticias falsas o deepfakes. Algunos ya hablan del fin de los límites entre realidad y ficción.

Ante este escenario, la regulación de la Unión Europea sobre inteligencia artificial se perfila como un marco crucial para garantizar la transparencia, la integridad informativa, la protección de la creatividad humana, los derechos de autor, y muy especialmente la protección de la imagen y los datos personales.

Mantener el equilibrio entre los derechos fundamentales y la innovación requerirá de una constante supervisión humana. En este sentido, la regulación europea sobre inteligencia artificial ya establece la creación de una Oficina de IA y obliga a cada Estado miembro a designar una “autoridad nacional de supervisión”, cuya función radicará en que no se vulnere lo dispuesto en la Ley de Inteligencia Artificial.

En España, el año pasado se aprobó el Real Decreto 729/2023, de 22 de agosto, que da luz verde para constituir una Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial como entidad autónoma que cumpla de forma efectiva las directrices europeas. Su actividad no solo se limitará al seguimiento ante posibles infracciones, sino que también realizará una labor de concienciación sobre el uso correcto y confiable de la IA generativa. Una tarea compleja que exigirá el constante diálogo entre tecnólogos y legisladores para definir el futuro de nuestra convivencia digital.

Mientras los reguladores tratan de establecer la mejor normativa posible, empresas innovadoras en el campo legal como Lefebvre, han optado por aprovechar plenamente el potencial de la inteligencia artificial sin alterar la fiabilidad de sus productos, logrando mantener el control y la integridad informativa de todas las respuestas generadas con su nueva tecnología de nombre GenIA-L.

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