Durante la apertura, la diputada Laura Frau Becedoniz del Ilustre Colegio de la Abogacía de Bizkaia, y María de la O Martínez, directora de Estrategia e Innovación de Lefebvre, destacaron que la inteligencia artificial ya no es una tecnología incipiente, sino una realidad integrada en el día a día de los despachos.
Martínez aseguró que “según la encuesta realizada a usuarios de GenIA-L, el 35% ahorra más de cuatro horas semanales, con una media de 3,2 horas de ahorro. Esto ya no es una promesa tecnológica: es productividad medible y ventaja competitiva real”. Subrayó además que GenIA-L ha sido desarrollada en España y entrenada con contenidos jurídicos actualizados de Lefebvre, lo que permite ofrecer respuestas accionables, fiables y trazables, evitando las denominadas “alucinaciones” de otros modelos generativos.
Riesgos del uso acrítico y retos educativos
El encuentro contó con la participación de Senén Barro, director científico del CITIUS de la Universidad de Santiago de Compostela, quien aportó una reflexión de fondo sobre los efectos sociales y formativos de la IA.
“Si hacemos un uso intensivo y acrítico de estas herramientas en colegios y universidades, podemos debilitar la memoria, la capacidad de análisis crítico y la comprensión lectora. No soy crítico con la inteligencia artificial, pero sí estoy preocupado por su mal uso”, indicaba. El experto defendió la necesidad de políticas educativas, estrategias industriales e incentivos que eviten la mera sustitución de trabajadores y apuesten por amplificar el talento humano con tecnología. “No es solo un error social sustituir el capital humano formado; es un error empresarial. Las personas deben tener estas herramientas, saber utilizarlas y aportar más valor con ellas”.

La perspectiva práctica del ejercicio profesional la aportaron en la jornada, Alberto Leonardo, socio director de LBS Abogados, y Óscar Casero, abogado y director de KSRO Law, quien defendió que la clave no está en frenar la tecnología, sino en asumir un uso responsable y estratégico que preserve la calidad jurídica y la confianza del cliente.
Leonardo, por su parte comparó la inteligencia artificial con un abogado junior o un pasante. “Lo que hace un junior siempre hay que supervisarlo, lo mismo pasa con la IA. Los profesionales debemos revisar lo que nos propone porque es nuestra responsabilidad. Por eso la inteligencia artificial no sustituye al abogado, pero sí transforma su forma de trabajar y aporta más rapidez, mayor precisión y más capacidad para dedicar tiempo a otras tareas”, indicó.
El mensaje compartido por los participantes fue que la IA ya está aquí y que el reto no es detenerla, sino aprender a utilizarla con criterio, ética y responsabilidad para reforzar el ejercicio profesional.