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MARKETING JURÍDICO

Marketing para abogados: comunicar ‘enamorando’

Tribuna
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Cualquiera que conviva con las nuevas tecnologías (una cuenta en Facebook, un smartphone en el bolsillo...) coincidirá en que la publicidad ha invadido nuestras vidas y minado –la mayoría de las veces, con nuestro consentimiento- nuestra privacidad. Las búsquedas que realizamos en Google –también las relacionadas con el mundo del Derecho- dejan un rastro que nos perseguirá más tarde en forma de anuncios dirigidos exclusivamente a nosotros, y lo mismo ocurre con algunas redes sociales, donde los anuncios tienen mucho que ver con esos productos o servicios que hemos curioseado en algún momento en la red. 

Es el primer síntoma de la llegada de la llamada Web 3.0.: el camino es la personalización de la experiencia de cada usuario en Internet, de forma que se nos pongan en bandeja todas las cosas que más nos gustan y las que potencialmente nos puedan gustar. Internet ya no sirve solo para transmitir información de forma unilateral, sino que ha aprendido a escuchar al usuario –a través de las redes sociales, blogs, foros y demás sitios de participación– y a devolverle una respuesta. Una respuesta que, como era de esperar, parte en gran medida de los negocios que tratan de vendernos sus productos o servicios. Por eso el marketing digital en general y el marketing jurídico en particular se han convertido en instrumentos imprescindibles para cualquier despacho de abogados.

También nuestra forma de consumir ha cambiado: si antes acudíamos a comprar a tiendas físicas los productos que habíamos visto en televisión, ahora se nos bombardea con infinidad de productos y rara vez hacemos una compra sin haber ‘googleado’ sobre ella y consultado la experiencia de otros usuarios. Los estudios lo demuestran y analizan nuestras razones para acudir a Internet antes de consumir o contratar un servicio: la web nos permite investigar características y precios –y, por tanto, elegir el mejor producto o servicio–, así como acceder a un espectro mucho más amplio de opciones. 

¿Influye todo ello en la forma de comunicar? Mucho. Tanto que ya se habla del marketing y la comunicación 3.0. Es la respuesta a ese nuevo formato de Internet, de forma que, para que la comunicación sea más eficiente y consigamos vender nuestros bienes y servicios, el nuevo marketing busca la satisfacción personal del individuo, la adecuación del producto a sus necesidades, su máxima personalización. En definitiva, es la culminación de esa labor de escucha que emana de redes sociales y demás plataformas de intercambio e interacción con la comunidad. 

Eso es lo que los especialistas en comunicación jurídica tratamos de trasladar, a día de hoy, a nuestras estrategias: acercarnos al cliente potencial, crear una identidad clara en torno a cada despacho y lograr que cada firma se convierta en única. Al fin y al cabo, los tiempos han cambiado y cada vez nos importa más el elemento sentimental antes de la contratación de un servicio legal: la simpatía hacia la marca, el sentimiento de identificación con los valores que defiende, la confianza que nos generen sus profesionales... La clave es conseguir que el consumo se guíe por nuestro enamoramiento hacia una firma, con todo lo que ello implica, y no tanto por el precio o la mejor oferta. 

Por eso, un mensaje para todos los abogados: toca renovarse y subirse al carro de Internet para prosperar, utilizando la web para mostrar lo que hacemos y hacer llegar el mensaje lo más lejos posible. También para escuchar al público y extraer información de sus comentarios y sugerencias, redibujando la marca poco a poco en función de ese diálogo. Hay que tener en cuenta que, hoy en día, la página web de cada negocio se convierte en su oficina virtual, muchas veces mucho más visitada que la física. No conviene descuidarla, ni olvidar que el feedback del cliente es valiosísimo. 

La mayor parte de las decisiones de consumo que tomamos pasan directamente por la web. No estar es, sencillamente, no existir.