Civil

Distribución de la carga probatoria en las reclamaciones de un cliente a su abogado por el desempeño de su actividad profesional

Foro 01-02-2014 Coordinador: Soler Pascual

Planteamiento

Se analiza por cinco Juristas la siguiente cuestión:

En el ámbito de las relaciones entre un abogado y su cliente pueden surgir diferencias tanto en el ámbito extrajudicial como en el judicial. Y en algunos casos el particular puede llegar a entender que ha sufrido un perjuicio por esta actuación, o que la forma en la que se ha llevado su conflicto con otro particular no se ha desempeñado la diligencia debida. En estos casos de conflictos entre un abogado y su cliente surge, pues, la cuestión atinente a si se produce una reclamación de un cliente a su abogado alegándose negligencia profesional en el desempeño de la defensa de los intereses de su cliente si la distribución de la carga probatoria conlleva que sea el abogado el que tenga que probar y acreditar que actuó con la diligencia debida en su actuación, o debe ser el cliente el que se vea obligado a acreditar la existencia de negligencia profesional. ¿Se trata en este caso de una probatio diabolica o puede estar en condiciones de demostrar el cliente que su abogado actuó con falta de diligencia? ¿Estamos en estos casos ante una responsabilidad contractual o extracontractual?

Este foro ha sido publicado en la "Revista de Jurisprudencia", número 1, el 1 de febrero de 2014.

Puntos de vista

Joaquín Tafur López de Lemus

Para bien resolver la presente cuestión es necesario partir de una premisa: ...

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Luis Alberto Gil Nogueras

En cuanto a la primera de las cuestiones expuestas, debe ponerse de relieve q...

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Alberto Pérez Ureña

Para resolver la cuestión principal propuesta, es necesario determinar, en p...

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Enrique García-Chamón Cervera

En primer lugar, me referiré a la naturaleza de la relación del Abogado con...

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Luis Antonio Soler Pascual

En determinados ámbitos de responsabilidad civil, como es el caso de la resp...

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Resultado

1.- El cliente que demanda al abogado, al postularse como acreedor por título contractual o extracontractual (ya veremos), está gravado con la carga de concretar el criterio o criterios de imputación generadores de la responsabilidad, esto es, el hecho o hechos que determinan la negligencia del abogado, aunque se precisan una serie de elementos o factores que determinarán la solución según cada caso:

a.- En los supuestos de deficiente elección de acciones o excepciones, con omisión de las que debieron correctamente ejercitarse, la prueba de que las elegidas fueron acertadas corresponde al abogado.

b.- Cuando el cliente sostiene que comunicó al abogado información relevante para la resolución del pleito, y éste niega haberla recibido, el especial deber de diligencia que pesa sobre el abogado, junto con la presunción de que el cliente colabora máximamente con el profesional, hacen presumir que el abogado no requirió esa información.

c.- Idéntica conclusión se extrae en los supuestos de entrega de documentación: si el cliente disponía de ella, se presume que el abogado pudo recabarla.

d.- Cuando transcurre un término sin que se ejercite el oportuno acto procesal, y tal omisión resulta objetivamente perjudicial para el cliente, sobre el abogado la carga de probar que tal omisión fue inocua para el cliente.

e.- Las negligencias relacionadas con la elección de la estrategia profesional, al ser ésta decidida por el abogado, determina que sea éste quien deba probar que fue beneficiosa para el cliente.

f.- La falta de impugnación de determinado acto del contrario o resolución judicial objetivamente perjudiciales para el cliente, precisamente por su carácter perjudicial, hace recaer sobre el abogado la prueba cumplida de que fue el cliente quien decidió no impugnar.

2.- Corresponde al demandante a acreditar que el profesional ha actuado de forma negligente o contraria a una actuación normal (STS de 7-2-00 -EDJ 2000/515- o 7-2-1989). Ello nos lleva de conformidad con el art. 1104 CC -EDL 1889/1- que nos encontramos ante la necesidad de acreditar la ausencia de la diligencia debida que exija la naturaleza de la obligación y corresponda a las circunstancias de las personas, tiempo y lugar.

3.- Es necesario resaltar que la prueba del daño (onus probandi) queda a cargo del cliente; tratándose de una responsabilidad subjetiva de carácter contractual, la carga de la prueba de la falta de diligencia en la prestación profesional, del nexo de causalidad con el daño producido, y de la existencia y alcance de este corresponde a la parte que demanda la indemnización por incumplimiento contractual

4.- El cliente-demandante debe alegar y probar que la defectuosa actuación profesional del abogado disminuyó en alguna medida las oportunidades de éxito de la acción sin que sea necesario demostrar la existencia de una relación de certeza absoluta sobre la influencia causal del incumplimiento de las obligaciones por parte del abogado en el resultado del proceso.

5.- Ello salvo el supuesto excepcional de la existencia de un daño no esperable, injustificado, desproporcionado o anormal, incide, en suma, en la atribución causal y en el reproche de culpabilidad, alterando los cánones generales sobre responsabilidad civil en relación con el onus probandi de la relación de causalidad y la presunción de culpa.

Esto, traído al caso de la responsabilidad del letrado implica que probados los hechos a los que tenga acceso el cliente, la prueba de la diligencia cuando se produce una circunstancia que sólo desde el conocimiento de quien constituye su origen, puede valorarse, incumbe al letrado pues si se presume por razón de su profesionalidad su cualificación, un resultado con pérdida de oportunidad de su cliente -presentación de escrito de recurso fuera de plazo, por ejemplo- requiere trasladar al letrado la prueba de la justificación de tal circunstancia que debe considerarse, desde el punto de vista de la culpa, reprochable, salvo que el letrado pruebe lo contrario.

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